| 28. Exégesis Lingüística La frase abre con la cláusula condicional ean de mē ē diermeneutēs {ἐὰν δὲ μὴ ᾖ διερμηνευτής | e-án dè mḕ ê di-ermē-neu-tḗs}, donde ean introduce una condición general, reforzada por el subjuntivo ē que expresa la posible ausencia de un intérprete. La apódosis comienza con el imperativo sigatō {σιγάτω | si-gá-tō}, un mandato en tercera persona singular que regula la conducta de quien habla en lenguas. La frase preposicional en ekklēsia {ἐν ἐκκλησίᾳ | en ek-klē-sí-ai} especifica el ámbito de aplicación: la reunión congregacional. A continuación, la estructura heautō de laleitō kai tō theō {ἑαυτῷ δὲ λαλείτω καὶ τῷ θεῷ | he-au-tô dè la-leí-tō kaí the-ō̂} coordina dos dativos como destinatarios del habla: el hablante mismo y Dios. El de pospositivo marca un ligero cambio del mandato negativo público (“guarde silencio en la asamblea”) al positivo privado (“hable consigo mismo y con Dios”). En español se mantiene la estructura condicional seguida de dos imperativos, conservando el contraste entre el ámbito público (asamblea) y el privado (oración interior dirigida a Dios). |