1 Respondió Zofar {tsophar: uno de los amigos de Job} el naamatita {naamatî: oriundo de Naama}, y dijo:
2 Por eso, mis pensamientos {se'ippai: ideas interiores} me hacen responder, y a causa de mi inquietud {khushi: impaciencia interna} en mí.
3 He oído la disciplina de mi deshonra {kelimati: afrenta personal}, y el espíritu de mi entendimiento {binah: percepción profunda} me responderá.
4 ¿Sabías esto {hazot: esta verdad}, desde hace tiempo, desde que el hombre {adam: humanidad} fue puesto sobre la tierra?
5 Porque el júbilo de los malvados {resha‘im: los que hacen injusticia} es breve, y la alegría del hipócrita {chaneph: persona sin sinceridad} dura solo un instante.
6 Aunque su altura {sio: posición elevada} suba hasta los cielos y su cabeza alcance la nube {laav: masa densa de vapor}.
7 Como su excremento {kegalalo: detrito impuro} para siempre {netsach: perpetuidad sin fin} perecerá; quienes lo vieron dirán: “¿Dónde está?”
8 Como un sueño {kaḥalom: experiencia fugaz} él pasará volando, y no lo encontrarán; y será ahuyentado como una visión {kechezyon: aparición o experiencia onírica} de la noche.
9 El ojo {ayin: órgano de la visión} que lo vio no lo volverá a ver, ni su lugar {mekomo: posición o morada} lo contemplará más.
10 Sus hijos solicitarán el favor de los pobres {dallim: personas necesitadas}, y sus manos devolverán su riqueza {ono: fuerza, bienes}.
11 Sus huesos {atsmotav: soporte interior} están llenos de vigor juvenil {alumav: fuerza de juventud}, pero con él en el polvo yacerán.
12 Si endulza {tamtiq: hacer dulce} la maldad en su boca, la hará desaparecer debajo de su lengua {leshon: órgano del habla}.
13 Se complace en ella con indulgencia {yachmol: indulgencia volitiva} y no la abandona, sino que retiene {yimnaenna: contención deliberada} en medio de su paladar.
14 Su pan es transformado en sus entrañas; se convierte en la amargura {merorat: amargor intenso} de áspides {petanim: serpientes venenosas} en su interior.
15 La riqueza la tragó, pero la vomitará {vayqi'en'nu: expulsión forzada}; de su vientre la hará expulsar Dios {El, Juez divino}.
16 Chupará el veneno {rosh: veneno amargo} de víboras, y la lengua {leshon: órgano agresor} de víbora lo matará.
17 No verá arroyos de ríos {naharei: cauces mayores} ni torrentes de miel {dvash: sustancia dulce} y mantequilla.
18 Restituirá el fruto de su trabajo {yaga: esfuerzo persistente}, sin poder tragárselo; según el valor de su intercambio {temurato: convenio material}, no se alegrará.
19 Porque aplastó y abandonó a los débiles {dalim: pobres, marginados}, robó una casa y no la edificará {yivenehu: construir para sí}.
20 Porque no conoció tranquilidad {shalev: estado de calma interior} en su vientre, y de lo que codiciaba {chamud: deseo intenso} no salvará nada.
21 No hay resto {sarid: resto alimenticio} para su alimento; por tanto, su prosperidad {tuvó: prosperidad duradera} no durará.
22 En la plenitud {bimlo’ot: abundancia plena} de su deseo, padecerá angustia; la mano de todo atribulado {amel: aflicción continua} vendrá sobre él.
23 Cuando esté por llenar su vientre, Dios {Elohim, Juez Divino} enviará sobre él el ardor de su ira y hará llover sobre él, incluso sobre su comida {bilchumo: en su comida}.
24 Él huirá del arma de hierro {barzel: símbolo de fortaleza}, pero el arco de bronce {neḥushah: metal resistente y reluciente} lo atravesará con rapidez.
25 Él saca la saeta y ésta sale de su cuerpo {miggevah: parte posterior}; luego el resplandor de la punta sale por su hiel; caen terrores {emim: presagios aterradores} sobre él.
26 Toda la oscuridad está reservada para sus tesoros {litzpunaw: Reservas Ocultas}; un fuego que no ha sido avivado lo devorará, y consumirá lo que quede en su tienda {ahol: Morada Personal}.
27 Los cielos descubrirán su iniquidad {avono: culpa moral profunda}, y la tierra se levantará {mitqomemah: acción de rebelarse} contra él.
28 La cosecha de su casa será llevada {yigel: extraída por la fuerza} y arrastrada en el día de su ira {appo: enojo ardiente}.
29 Esta es la parte que Dios {Elohim, Juez Supremo} asigna al hombre malvado, la heredad decretada por la palabra {imro: declaración, sentencia} del Poderoso {El, Autoridad Inquebrantable}.